16.2.10

Carta a un guionista en paro o nadando en la tormenta perfecta (II)

Os decía en mi post anterior que me ocurrió algo al ver “Up in the air”.
Ya sabéis que la peli va de un hombre, interpretado por George Clooney, que se gana la vida despidiendo a gente de ciudad en ciudad de Estados Unidos. La película ha sido muy oportuna, al tratar un asunto que está en las portadas de todos los periódicos del mundo actualmente: crisis, despidos, subsidios de desempleo... Muchos de los despedidos que aparecen en pantalla son personas que han pasado por esa experiencia recientemente y mencionan al final que, después de todo, hay otros aspectos de su vida que son mucho más importantes que ese empleo que acaban de perder y que, sin ellos, sí que se encontraría perdidos o… en el aire.
Esas entrevistas son emocionantes, sí, pero, creo que lo que de verdad me tocó vino más tarde, sobre los títulos de crédito. De pronto, después de una (en mi opinión) poco memorable canción de Graham Nash, comienza a sonar el típico ruido propio de una (muy mala) grabación doméstica. Luego, la voz de un tipo que se presenta, en inglés, y dice algo tipo: “Hola, Jason (por Reitman, el director de la película), me llamo Kevin Renick, me han despedido hace poco y he grabado esta canción, a ver si puedes meterla en tu peli. Se titula “Up in the air” (En el aire)". A partir de entonces, comienza a tocar esta canción.



No me parece una gran canción - repite tres acordes todo el rato y se hace un tanto larga - pero creo que hay algo muy conmovedor en ella, al menos lo hubo para mí. Tal vez sea la voz, tal vez la letra, tan expresiva y tan sencilla. La historia que cuenta el tal Renick trata de un hombre que ha perdido su empleo e intenta lidiar con la incertidumbre, con la precariedad de su exterior, pero también la de su interior.
Me imaginé a ese tipo de St Louis que, perdido su trabajo, graba una canción y se va con una grabación cutre a ver un coloquio con el director de moda y a colocarle, al final de todo, la cinta, el CD o lo que sea, con la vana esperanza de que la meta en una película. Todo esto me hizo pensar en un concepto psicológico que había escuchado hace tiempo: la plasticidad.
Según leo en la Wikipedia, la plasticidad neuronal viene a ser la capacidad que tiene las neuronas de cambiar sus interconexiones dependiendo de los estímulos externos. Estas conexiones, y su huella, son las que configuran la cosmovisión, la visión del mundo, que tiene cada individuo.
Cuando un individuo sufre un cambio profundo en su vida, de pronto, el exterior le somete a un desafío. Tiene que tratar de adaptarse a unas condiciones que, bruscamente, son otras. Su antigua cosmovisión resulta inútil y sus neuronas tienen que volver a conectarse, de otra manera, tratando de llegar a un nuevo equilibrio, a una situación que permita al individuo forjarse nuevas herramientas para comprender el nuevo entorno en el que está, es decir, llegar a una nueva cosmovisión.
Esta crisis nos está arrojando a muchos a un terreno de incertidumbre. Valores que se tenían por seguros, que configuraban nuestra visión del mundo hasta ahora, se tambalean: ¿realmente alquilar es tirar el dinero? ¿es la compra de una casa realmente una inversión segura? ¿es lógico que los ahorros que tardamos una vida en amasar vayan a invertirse en productos financieros que, ni siquiera los gestores saben exactamente en qué consisten? ¿no debería haber gastado mi dinero en un viaje en lugar de invertirlo en aquellos sellos teóricamente tan rentables? ¿Se ajustan los pagos mensuales y regulares que tendré que hacer durante veinte años para pagar esta casa con el inestable trabajo de guionista con el que pretendo ganarme la vida? ¿Debo prescindir de lo primero o de lo segundo? ¿Qué puedo hacer ahora que ya no hay marcha atrás, ahora que no tengo curro y… está entrando por la puerta el piano de cola que encargué cuando me dijeron que renovábamos?
Creo que esta crisis nos va a cambiar la manera de ver el mundo. Posiblemente ya lo está haciendo. Creo que esta crisis nos va a arrojar a un lugar que podemos llamar… Argentina.
Sí – con el debido respeto – en mis viajes a Argentina me ha dado la impresión de que ese país vive instalado en una crisis permanente, si me permitís la contradicción. Las cosas no acaban de funcionar allá, la burocracia es penosa y las empresas siempre parecen al borde de la bancarrota. Pero, junto a todos esos desastres, está la vida, la gracia, la creatividad más desbordante y el ingenio más pícaro. Parece que no hay argentino que no lo conozca todo, que no tenga una sociedad limitada a su nombre, siete proyectos teatrales, una columna de opinión en una prestigiosa revista y capacidad para escribirte un guión en un fin de semana, todo eso, sin dejar de arreglarte la lavadora por sólo unos pesos.
Esta precariedad en la que vamos a instalarnos durante unos años, va a sacar nuestro lado más ingenioso, va a hacer que espabilemos y que tomemos decisiones drásticas que, tal vez, llevábamos cierto tiempo aplazando. Ahora podemos permitirnos ser más valientes porque… ahora tenemos mucho menos que perder.
Por hablaros de mi caso, desde que estoy en el paro, me he puesto con la posproducción de ese corto a medio acabar, también he aclarado las cuentas respecto a su financiación y me he llevado alguna sorpresa, me he aventurado en el hasta ahora desconocido supermercado DIA de la calle Trafalgar, me he informado sobre la evolución de ese juicio contra el portero que por poco me mata, esperando cobrar una indemnización de una vez, he empezado un videoblog que me está ocupando más tiempo del previsto pero, a la vez, me está haciendo aprender unas cuantas cosas, me he preinscrito en un taller de cine impartido por Albert Serra, me he presentado a dos ayudas públicas, estoy escribiendo un guión de largometraje y… he vuelto a sacar un libro de la biblioteca pública (eso sí, no he sido capaz de leer más allá de la mitad). Además, gracias al paro, estoy teniendo el tiempo de poder escribir estos extensísimos posts en un sitio que tiene siete veces más visitas que mi propio blog.
Kevin Renick tomó la guitarra, persiguió a un director con una grabación muy cutre, yo me he puesto a escribir un largo y a denunciar a un portero . Posiblemente tú estés escribiendo un corto, leyendo guiones de tus amigos, dibujando un story o haciendo un curso de After Effects. A nuestra manera, posiblemente patética, todos estamos intentando adaptarnos a las nuevas condiciones. A toda velocidad, nuestras neuronas están estableciendo diferentes conexiones, buscando nuevas fuentes de ingresos, resucitando proyectos que aparcamos por “poco prácticos”, cuestionando valores que nos fueron transmitidos por las anteriores generaciones… Estamos renunciando a cosas que valorábamos y dándonos cuenta de que podemos incluso comprar en el DIA sin sufrir por ello secuelas irreparables. Todos estamos intentando ser plásticos. Esperando que llegue nuestra oportunidad, pero, a la vez, creando las condiciones para que ésta llegue. Poco a poco, seremos capaces de mirar a la incertidumbre que nos rodea con más curiosidad y menos miedo. Cada vez veremos más clara la rendija por la que podemos introducirnos, el hueco en el que podemos estar cómodos. Por que esa es nuestra gran ventaja: somos inteligentes, es decir, podemos cambiar.

(P.D.: Siento el retraso en publicar esta entrada. Anoche estuve viendo una lección práctica de adaptación inteligente y plástica a la crisis: sí, esta edición de los premios Goya).

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22.11.09

Lisboa. Día 3

Van creciendo las ojeras: el bueno de McKee nos lleva a un ritmo endiablado y, un domingo grisáceo en Lisboa, volvemos a madrugar y a atravesar la inhóspita Praça de Espanha en dirección al Teatro Aberto para la última sesión.

Pero a Félix y a mi esta sesión sobre las historias de amor nos interesa especialmente: estamos trabajando en guiones de este género (Félix va mucho más avanzado que yo. Yo apenas tengo una idea que parecía muy clara aquella noche, en el albergue de Pekín y, desde entonces, ha ido desdibujándose).

Comienza McKee por recordarnos lo importante del amor. Recoge una cita de Graham Greene que, al final de su vida, después de haber alcanzado la gloria como novelista, dramaturgo y guionista, sólo lamentaba "no haber tenido ninguna relación significativa con algún ser humano".

Después, abunda Mc en lo moderno del amor romántico, concepto procedente de la literatura medieval. Los tópicos que desde entonces se hicieron comunes: que sólo existe un auténtico amor en la vida, que éste se reconoce a primera vista, que es mejor guiarse por el corazón y que este amor, si es verdadero, superará todos los obstáculos. Llama la atención que todo esto que damos por sentado sea un "invento" relativamente reciente. Básicamente, el hombre ha idealizado de ese modo su necesidad de sexo y perpetuación.

Por cierto, McKee sabe de lo que habla cuando habla de amor: luego nos confesará que se ha casado cuatro veces (¿o tres? Llevo un buen rato buscando corroborar este dato en la red y sólo he llegado a tres matrimonios. De paso, he encontrado dos interesantes artículos sobre el gurú: aquí y aquí). El último matrimonio ha sido con una mujer que durante años ha llevado una talla de sujetador demasiado pequeña (sí, esto también lo cuenta). Por el bien de su matrimonio esperemos que sea esa asiática bastante más joven que él con la que se besa en las pausas.

Según McKee hay tres elementos indispensables en todo amor: pasión, compromiso e intimidad (en el sentido de relaciones íntimas).

Los subgéneros de historia de amor se dividirán según hagan hincapié en cada uno de estos aspectos: si se centran en la pasión estaremos ante una Tragedia Romántica en la que el amor excesivo lleva a la destrucción (“Vértigo” sería un ejemplo), si se centra en el compromiso, nos hallaremos ante un Romance (al estilo de las novelas de Jane Austen) y, si de lo que se habla es de la relación íntima de una pareja, ante un Drama Romántico que trata de los problemas de mantener una pareja: infidelidades, etc. (ejemplo: “Breve encuentro”). Los equivalente cómicos de estos tres subgéneros serían respectivamente la Farsa sexual, la Comedia romántica y la Comedia de matrimonios.

Espero que alguien haya sacado algo en claro del párrafo anterior: yo no acabo de tener muy claro en qué cajón meter “La guerra de los Rose”, por ejemplo, pero tampoco me preocupa demasiado.

McKee pasa después a dar algunas convenciones del género.

Las diferencias entre sexos es la primera. Aquí nos metemos en un terreno pantanoso (y, para preservar mi integridad física, repito que lo que transcribo es opinión del gurú): los hombres están obsesionados con lo físico, con el aquí y el ahora y sus conflictos suelen ser con el exterior, con el entorno. Las mujeres, en cambio, están siempre planeando el futuro, obsesionadas con lo metafísico. Se crean un amante ideal y buscan a alguien que encaje en ese molde. Por eso – dice McKee – siempre acaban decepcionadas.

Otras convenciones menos espinosas que suele tener toda historia de amor: El encuentro entre los amantes, que suele ser el detonante de la historia de amor, lógicamente.

Las fuerzas que se oponen a la historia de amor: presiones sociales, familiares… o, simplemente, la mala suerte.

Los rituales compartidos por la pareja, la imprescindible confesión de amor y el beso clave, el beso que demuestra lo indudable de ese amor. McKee se extiende con otras convenciones pero… si queréis saberlas, os tendréis que ir a su curso (y tomar notas más completas con las mías, por cierto).

Tras comer a toda velocidad en un restaurante chino cercano (lo único aberto cerca del Teatro Aberto), McKee disecciona ante nosotros “Los Puentes de Madison”. Ya os dije que es una película que tiene el poder mágico de hacerme llorar. Todas y cada una de las veces que la veo. Esta ocasión, llena de interrupciones para comentar la historia, en una butaca medio incómoda y después de ocho horas de conferencia, no fue una excepción. Lloré. Poco, pero lloré. Sin embargo, no me avergüenzo. No fui el único: el propio McKee se sorbió las lágrimas ruidosamente. Y, aún emocionado se despidió de nosotros. Todos le aplaudimos, en pie. McKee respondió con una leve inclinación, como la de un actor después de una representación. Uno puede ser escéptico ante estos gurús del guión (y creed que yo lo soy) pero, por estéril que te haya resultado el curso, u obvias que te parezcan sus enseñanzas, es difícil permanecer indiferente ante el esfuerzo de este hombre que, casi a los setenta años, ha encontrado el papel de su vida: ser maestro de guionistas y parece dispuesto a interpretarlo hasta el final, apasionadamente.

Y, ya que hablamos de esfuerzo y pasión, una vez en el hotel, Félix y yo comprobamos cómo suele concluir una bonita historia de amor (subid el volumen de vuestros altavoces, please).



P.D. : Brian Cox interpretando a McKee en "Adaptation" aquí todas sus secuencias en castellano. Aquí, en inglés, la secuencia inicial (no he podido encontrar la segunda). Por favor, ¡no os las perdáis!

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18.11.09

Lisboa. Día 2

(Siento el retraso en la publicación. Problemas técnicos).
Para los despistados: este no es el mismo seminario de Robert McKee, no es "Story" sino uno nuevo sobre los géneros. Por ahora no ha escrito los libros correspondientes a estos cursos pero tiene previsto hacerlo en breve: habrá un libro por cada género tratado. Nos repitió varias veces que había firmado un contrato con Random House que los va a editar en U.S.A. (Está claro que la crisis le ha afectado de lleno. Si le pagaran bien, este hombre se escribiría hasta la Enciclopedia Larousse).
Lo primero que llama la atención del día de la comedia es que McKee aparece con zapatillas de deporte y aspecto mucho más informal. A lo largo de todo el día se desenvolverá con soltura y bastante gracia. En algún momento de la sesión confiesa haber hecho stand up comedy durante bastante tiempo. Sin embargo, su sentido del humor no es el típico autodegradante de cómicos estilo Woody Allen, sino más bien el de un buen orador que trufa su discurso con un par de buenas bromas probadas ya en siete convenciones y tres banquetes benéficos.
El único chiste que no le funciona (pese a su insistencia) es llamar "slut" (puta) a Lady Di. No, no resulta gracioso. Nadie ríe. McKee no había contado con el tradicional apego de los portugueses por las monarquías ridículas.
McKee dice que la comedia es un género odiado por los críticos, por que no les da mucho juego: si la gente se ríe, la comedia funciona. En caso contrario, por mucho que se trate de explicar las razones del gag da igual: no es bueno porque nadie se ríe.
Si te interesan los conflictos internos de los personajes, si quieres crear seres complejos, la comedia no es tu género. Dedícate al drama o la tragedia. La comedia es un género que exige claridad y está especialmente interesado en la vida social, en el contraste entre un personaje y su entorno social. De hecho, muchas veces el conflicto de una comedia reside en el desfase entre la esencia de un personaje y su imagen pública.
McKee insiste también bastante en que la comedia es el género de los cabreados. Según él, el cómico es un idealista enfadado por lo imperfecto que es el mundo que se desahoga de un modo socialmente aceptable: provocando risas.
Por primera vez, McKee utiliza secuencias aisladas de películas para mostrarnos ejemplos de algunos recursos cómicos: el malentendido, la trivialización de lo importante, la exaltación de lo trivial, la caricatura, el absurdo, el running gag. También incluye una secuencia de "Evan Almighty" como ejemplo de como no hacer una secuencia de humor. Sin embargo, alguno de los ejemplos positivos tampoco parecen muchísimo mejores. Siento decir que, en mi opinión, McKee podía haberse esmerado un poco más con los "clips". Sin embargo, algunos son infalibles, por ejemplo, varias secuencias antológicas de "Algo pasa con Mary" (una de mis favoritas es este malentendido en un interrogatorio policial).
De todos modos, una de las cosas que más me llama la atención de la sesión es cuando nos muestra la secuencia del dentista en "La pequeña tienda de los horrores". Por si no la habéis visto, os la resumo: Rick Moranis, el protagonista, debe ir al dentista. Pero cuando llega, éste está atendiendo a otro paciente, Bill Murray, que resulta ser un masoquista. El tipo acude al dentista sólo para sufrir y éste, que es un sádico, se ve frustrado, al ver que Murray disfruta con cada una de sus torturas. Acaba echando al paciente y sólo entonces hace pasar a su consulta a Moranis, el protagonista. Lo que vino a decir McKee con este ejemplo es que en comedia, según él, una secuencia puede estar sólo para provocar risas, aunque no aporte gran cosa a la trama. Era el caso del ejemplo. Me sorprendió mucho escuchar esto de labios de uno de estos teóricos del guión, que suelen abogar por lo contrario: ¿qué pensáis vosotros? ¿Es la comedia una excepción a la regla?
Respecto a la realización, McKee señala que, habitualmente, para poder utilizar el lenguaje corporal de los actores cómicos, la comedia suele usar planos generales y una fotografía colorista y luminosa, no excesivamente experimental.
Por la tarde, una disección secuencia a secuencia de "Un pez llamado Wanda". Los feos títulos de crédito nos hacen dudar de la vigencia de la película, pero rápidamente nos metemos en la historia y la disfrutamos como si fuera la primera vez.
Esa noche, de nuevo en el Bairro Alto, probamos los infames gin tonics lisboetas (¿por qué no seguimos el consejo de ese guionista que encontramos en Barajas y nos recomendó huir de ellos y refugiarnos en la caipirinha?) y conocemos a una peluquera española que acaba de grabar un vídeo para su banda de electroporno.
Nos retiramos antes de lo que quisiéramos, porque mañana, pronto, McKee nos espera para hablarnos de amor.

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14.11.09

Lisboa. Día 1


Félix y yo nos hemos venido a Lisboa a ver a Robert McKee, uno de los más célebres gurús del guión. Presenta su nuevo seminario sobre el género. Hoy viernes, el thriller.
McKee nos sorprende con unas reglas algo estrictas, especialmente para los que hagan ruido mientras él habla.
Últimamente, McKee ha estado muy interesado en el Mal. Lleva tiempo estudiándolo, pero no consta que se haya entrevistado aún con Esperanza Aguirre.
Defiende que el mal es inevitable e indisociable de la naturaleza humana. Por la tarde, proyecta y disecciona "Seven". McKee se identifica con el punto de vista sobre la humanidad que tiene en la película el personaje de Morgan Freeman. Dada la imagen que teníamos de este gurú del guión, casi temíamos que se encontrara más cerca del personaje interpretado por Kevin Spacey.
Mc dedica un buen rato a distinguir entre 12 tipos diferentes de thriller, 7 pasos imprescindibles para la escritura de un buen guión de este género y otra docena de convenciones típicas de este tipo de historia.
Sin embargo, a mí lo que más me impresiona es su confesión de que, gracias a la crisis financiera, ha perdido casi todos sus ahorros y, aunque tenía pensado retirarse el año que viene, va a tener que trabajar toda su vida hasta que muera. El hombre, con un físico entre Robert Duvall, Charlton Heston y Brian Cox (que le interpretaba en "Adaptation") sigue estando en forma pero tiene casi setenta años.


La sesión de tarde va a dedicarse casi en exclusiva a la proyección comentada de "Seven", modelo del thriller psicológico actual en opinión de Mc. Según él, el thriller moderno está contado desde el punto de vista de la víctima y en él el villano tiende a ser un sádico, encarnación del Mal, más que un simple ser humano con unas intenciones malvadas.
La proyección resulta más que accidentada: no se escuchan los diálogos de la peli. A cambio, tenemos una amplificación espectacular de la pista de ruidos. Diez personas de la organización observan el reproductor a una distancia prudencial sin ser capaces de resolver el problema. Mientras, McKee, sentado a un lado del escenario parece luchar por controlar su ira.
Finalmente, gracias a un asistente a las sesiones, conseguimos escuchar decentemente la peli. Aquí es donde McKee se luce, con un análisis muy inteligente de la película. Con un gran dominio del escenario (no en vano fue actor en su juventud) el gurú hace una exhibición de inteligencia, ingenio y fortaleza física que nos apabulla.
Posiblemente (seguramente) ninguna de sus opiniones o teorías sobre el cine va a cambiarnos la vida, pero el espectáculo de un hombre de casi setenta años ocupando un escenario, casi siempre en pie, durante doce horas hablando de cine es casi tan épico como el argumento de la película que está comentando.
Apabullados, Félix y yo nos volvemos al Bairro Alto a cenar algo. Mañana será el día de las historias de amor. La peli comentada será "Los puentes de Madison" (por cierto, recuerdo un fin de semana que viajé a Pamplona en bus, hace ya unos años. Pusieron esta película a la ida y a la vuelta. Lloré. En el bus. A la ida y a la vuelta).

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11.7.08

¿Recomiendo la ECAM?



"Soy de Venezuela y estoy pensando en presentarme a las pruebas de acceso de la ecam, en la especialidad de guión, el año que viene. Vi que tú estudiastes ahí y me gustaría saber si me puedes dar tu opinión sobre la escuela, aparte de cualquier información que me puedas dar sobre las pruebas de acceso para guión. Saludos."

Juan Luis Casañas colgó esta consulta en la sección de comentarios de un un post hace un tiempecito. Voy a contestar pero antes...

Una nota:

Estudié en la ECAM hace más de diez años (sí... mucho tiempo. Buster Keaton hacía cortos, la sede de la Escuela olía a recién pintado y los ladrillos estaban blanditos...) Como imaginarás, muchas cosas han podido cambiar en este tiempo. Espero que los demás lectores puedan corregirme ahí donde me equivoque.

Ahora sí que paso a contestar.

La ECAM es una escuela semipública, regentada una fundación formada por la Comunidad de Madrid y otros socios. La fundación no tiene ánimo de lucro, pero la matrícula, aún así, cuesta una pasta.

¿Cuánta pasta?

En mi época, creo que rondaba las 500.000 pesetas al año (3000 euros al cambio). Sí, ya había pesetas, aunque… seguíamos pensando en sestercios.

¿Cuánto cuesta ahora un curso en la ECAM? Ni idea. Me he pasado por su página oficial y no he sabido obtener la información. Tal vez tú tengas más suerte.

La Escuela ofrece cursillos cortos y cursos de tres años de duración, una especie de carrera. Como no es cuestión de venirse desde la bella Venezuela para un cursillo de dos semanas sobre "Diálogos para dramedia" supongo que lo que te interesa es este plan de tres años de guión.

Es lo que hice yo... aunque en mis tiempos (ya sabes, Charlie Chaplin vino conmigo a clase y era el benjamín...) los cursos duraban dos años - espero que el audiovisual español no note demasiado ese año de déficit durante el tiempo en el que mis compañeros de curso y yo estemos en activo...

Preguntas sobre las pruebas de acceso. Cuando yo las hice consistían en:

- Una prueba de cultura general cinematográfica (examen tipo test) - Me recuerdo repasando cuál era la primera película con argumento del cine español (creo que “Pelea en un bar”, por cierto) en un piso prestado en una zona de putas caras en Madrid la víspera del examen.
- Un análisis de una película desde el punto de vista del guión (en mi caso fue un estreno: "Los pájaros" de Hitchcock. Elegí escribir sobre la secuencia en la que… casualmente una ornitóloga que pasaba por ahí comenta el número de especies de pájaros que hay).
- Una entrevista personal con profesores y director de la escuela (mi numerito de la denuncia por acoso sexual funcionó perfectamente, como siempre).

Según me han dicho el nivel de exigencia de las pruebas ha bajado mucho a medida que ha disminuido el número de aspirantes a entrar en la escuela. Creo que ya ha desaparecido incluso lo de hacer el pino puente con las obras completas de Rohmer sobre el abdomen.

Mi consejo es que repases algunos datos sobre historia del cine para la primera prueba y que lleves sentido común y un buen jamón ibérico para la segunda y tercera respectivamente.

Por ir al grano y dejar de hacer chistes malos: lo mejor de la escuela es que trabajas mucho.

En dos años nos tocó escribir tres largometrajes (dos originales y una adaptación), un mediometraje (adaptación) y unos cuantos cortos (para prácticas de la escuela). En algunos casos, había que escribir nuevas versiones.

Todos, profesores y alumnos, leíamos todos los guiones y los comentábamos.

Además, recibíamos charlas de directores, actores, guionistas y técnicos muy reconocidos. Recuerdo que vinieron Ricardo Franco, Rafael Azcona, (creo que) Amenábar y Almodóvar (le gustó mi jersey de rayas de colores... tal vez porque él llevaba uno exactamente igual).

Y luego, evidentemente, estaban las clases: los profesores principales eran Juan Miguel Lamet y Juan Tébar. En periodos anteriores y posteriores Lola Salvador y Manolo Matji también han dado clases en la escuela pero yo no tuve la suerte de tenerles de profes.

Muy tonto hay que ser para no aprender algo en esas circunstancias, ¿no?

En mi reciente y apocalíptica visita a la ECAM, pude enterarme de que siguen trabajando mucho. Si no recuerdo mal, en tres años escriben tres largos y un proyecto de serie de televisión, además de varios cortos.

Por ahora sólo he contado puntos positivos de la Escuela. Ahora voy con algunas pegas que yo le vi cuando estudiaba allá.

- Matrícula cara (aunque hay ayudas para alumnos con pocos ingresos, desplazados de otras provincias, etc).

- Duración de los estudios (tres años: es casi como hacer una carrera universitaria).

- Pruebas de acceso (como he dicho, eran estrictas en mis tiempos. Lubitsch se quedó fuera).

- El eterno problema de las prácticas (los cortos rodados por los alumnos). Suele ser difícil convencer a los directores de que deben rodar guiones ajenos y... muchas veces se salen con la suya, así que uno se encuentra con que ha escrito varios guiones de cortos que acaban en la basura. En esto, la escuela sí te prepara para la vida real del guionista de cine.

- Una cierta desconexión de la ECAM respecto a la televisión, que es el futuro laboral de casi todos los alumnos de guión que saldrán de ella. (Creo que se está corrigiendo en los últimos tiempos, como verás en la página de la Escuela, hay una asignatura dedicada únicamente a televisión y se trabaja en un proyecto de serie a lo largo del curso).

Si uno dispone del tiempo y los sestercios para la matrícula, esta última pega puede ser tal vez la más importante: la escuela realmente está dirigida por personas que han trabajado sobre todo en cine y, además, en un cine muy concreto (cine de autor). Los guionistas (y sobre todo los directores) que salen de ella, se encuentran con un mundo bastante diferente: en lugar de escribir o dirigir películas personales, les toca trabajar en series de televisión, mucho menos libres y creativas, con unas normas más estrictas y muchas menos pretensiones artísticas.
Por ir resumiendo: ¿recomendaría la ECAM? Sí, sin duda, a alguien que conociera las pegas que acabo de exponer.

¿Por qué?

Por todo lo que he escrito más arriba: por Almodóvar y su jersey de rayas, por Lamet, Tébar, los cortos, por los guiones que escribí ahí (uno de ellos se rodó, otro por poco consigue que me echen de la escuela)… y, sobre todo, por una que me he dejado:

Por la gente que conocí allá.

El tiempo mejor empleado fue el tiempo perdido: en la cafetería, tomando unas cañas, trabajando en un corto que no iba a ninguna parte, discutiendo eternamente sobre una película o un libro…
Repasando hace unos meses me di cuenta de que casi todos los trabajos que he obtenido en casi diez años han venido, directa o indirectamente, de la mano de compañeros de la Escuela. Yo, en la medida de mis posibilidades, también he recomendado a mis compañeros cada vez que he tenido ocasión.
Evidentemente, puedes forjar amistades así sin necesidad de ir a una escuela de cine durante tres años, pero es mucho más complicado y exige un mayor esfuerzo por parte de uno.

Bien… creo que ya vale por hoy. Podría contar más cosas sobre la escuela pero serían todavía menos interesantes que las que ya he escrito.

Espero que estas opiniones te sirvan de algo, Juan Luis.

Mucha suerte, decidas lo que decidas.

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