18.11.09

Lisboa. Día 2

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(Siento el retraso en la publicación. Problemas técnicos).
Para los despistados: este no es el mismo seminario de Robert McKee, no es "Story" sino uno nuevo sobre los géneros. Por ahora no ha escrito los libros correspondientes a estos cursos pero tiene previsto hacerlo en breve: habrá un libro por cada género tratado. Nos repitió varias veces que había firmado un contrato con Random House que los va a editar en U.S.A. (Está claro que la crisis le ha afectado de lleno. Si le pagaran bien, este hombre se escribiría hasta la Enciclopedia Larousse).
Lo primero que llama la atención del día de la comedia es que McKee aparece con zapatillas de deporte y aspecto mucho más informal. A lo largo de todo el día se desenvolverá con soltura y bastante gracia. En algún momento de la sesión confiesa haber hecho stand up comedy durante bastante tiempo. Sin embargo, su sentido del humor no es el típico autodegradante de cómicos estilo Woody Allen, sino más bien el de un buen orador que trufa su discurso con un par de buenas bromas probadas ya en siete convenciones y tres banquetes benéficos.
El único chiste que no le funciona (pese a su insistencia) es llamar "slut" (puta) a Lady Di. No, no resulta gracioso. Nadie ríe. McKee no había contado con el tradicional apego de los portugueses por las monarquías ridículas.
McKee dice que la comedia es un género odiado por los críticos, por que no les da mucho juego: si la gente se ríe, la comedia funciona. En caso contrario, por mucho que se trate de explicar las razones del gag da igual: no es bueno porque nadie se ríe.
Si te interesan los conflictos internos de los personajes, si quieres crear seres complejos, la comedia no es tu género. Dedícate al drama o la tragedia. La comedia es un género que exige claridad y está especialmente interesado en la vida social, en el contraste entre un personaje y su entorno social. De hecho, muchas veces el conflicto de una comedia reside en el desfase entre la esencia de un personaje y su imagen pública.
McKee insiste también bastante en que la comedia es el género de los cabreados. Según él, el cómico es un idealista enfadado por lo imperfecto que es el mundo que se desahoga de un modo socialmente aceptable: provocando risas.
Por primera vez, McKee utiliza secuencias aisladas de películas para mostrarnos ejemplos de algunos recursos cómicos: el malentendido, la trivialización de lo importante, la exaltación de lo trivial, la caricatura, el absurdo, el running gag. También incluye una secuencia de "Evan Almighty" como ejemplo de como no hacer una secuencia de humor. Sin embargo, alguno de los ejemplos positivos tampoco parecen muchísimo mejores. Siento decir que, en mi opinión, McKee podía haberse esmerado un poco más con los "clips". Sin embargo, algunos son infalibles, por ejemplo, varias secuencias antológicas de "Algo pasa con Mary" (una de mis favoritas es este malentendido en un interrogatorio policial).
De todos modos, una de las cosas que más me llama la atención de la sesión es cuando nos muestra la secuencia del dentista en "La pequeña tienda de los horrores". Por si no la habéis visto, os la resumo: Rick Moranis, el protagonista, debe ir al dentista. Pero cuando llega, éste está atendiendo a otro paciente, Bill Murray, que resulta ser un masoquista. El tipo acude al dentista sólo para sufrir y éste, que es un sádico, se ve frustrado, al ver que Murray disfruta con cada una de sus torturas. Acaba echando al paciente y sólo entonces hace pasar a su consulta a Moranis, el protagonista. Lo que vino a decir McKee con este ejemplo es que en comedia, según él, una secuencia puede estar sólo para provocar risas, aunque no aporte gran cosa a la trama. Era el caso del ejemplo. Me sorprendió mucho escuchar esto de labios de uno de estos teóricos del guión, que suelen abogar por lo contrario: ¿qué pensáis vosotros? ¿Es la comedia una excepción a la regla?
Respecto a la realización, McKee señala que, habitualmente, para poder utilizar el lenguaje corporal de los actores cómicos, la comedia suele usar planos generales y una fotografía colorista y luminosa, no excesivamente experimental.
Por la tarde, una disección secuencia a secuencia de "Un pez llamado Wanda". Los feos títulos de crédito nos hacen dudar de la vigencia de la película, pero rápidamente nos metemos en la historia y la disfrutamos como si fuera la primera vez.
Esa noche, de nuevo en el Bairro Alto, probamos los infames gin tonics lisboetas (¿por qué no seguimos el consejo de ese guionista que encontramos en Barajas y nos recomendó huir de ellos y refugiarnos en la caipirinha?) y conocemos a una peluquera española que acaba de grabar un vídeo para su banda de electroporno.
Nos retiramos antes de lo que quisiéramos, porque mañana, pronto, McKee nos espera para hablarnos de amor.

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4 Comments:

Anonymous Sergio Barrejón said...

¿Bill Murray? ¿No era Jack Nicholson?

10:36 p. m.  
Blogger Daniel said...

Es que McKee nos puso la versión moderna, la del 86, en la que salen Rick Moranis, Steve Martin y Bill Murray en un papelito.

12:55 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

¿Felix Viscarret haciendo popó?

12:05 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

buena reflexión, dani. se habrá dado el caso de unos cineastas trabajando el montaje de una peli y diciendo "hay que cortar la escena. es demasiado graciosa y te hace olvidar la historia."
en esto de las risas gratuitas, yo estoy con el actor de to be or not to be: "un buen chiste no es para tomárselo a broma".

12:09 p. m.  

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