2.2.10

La situación laboral del guionista (II) o Lo que me dijo Domínguez

Al principio pensé que sí. Que el abogado tenía razón. El aspecto de Domínguez no era el de una persona sutil o excesivamente perspicaz. No recuerdo cómo vestía, pero sí sé que era un tipo grande, pesado. Creo que llevaba gafas y que se las quitaba con cierta frecuencia, pero tal vez nunca las llevara.
Yo estaba en el despacho de Domínguez para declarar sobre mi trabajo en la productora Grundy, que estaba siendo inspeccionada. Estaba algo nervioso, pese a que no tenía queja alguna del trato que había recibido durante el tiempo que trabajé en “Yo soy Bea”. No sé si Domínguez percibió mi nerviosismo o no, pero su actitud inicial me tranquilizó completamente. Me dijo que todo lo que contara en ese despacho sería absolutamente confidencial y que nada sería utilizado en mi contra. Era la empresa quien estaba siendo sometida a una inspección de trabajo, no yo.
Domínguez me dijo que el sector audiovisual ha estado durante muchos años algo olvidado por la inspección. Ahora ha comenzado una serie de revisiones a las grandes productoras y el resultado, según Domínguez, está resultando sorprendente y desalentador. El propio Domínguez había estado en los platós de varias series y había quedado sorprendido, entre otras cosas, por la innovadora interpretación de la normativa de seguridad laboral que hacían las productoras: mobiliario por todas partes, escasez de medidas de seguridad, puertas de incendio bloqueadas por elementos de decorado…
Yo escuchaba estas explicaciones sin gran sorpresa, yo también veo los platós como grandes hangares helados y llenos de muebles.
Sin embargo, Domínguez pronto pasó a un tema del que yo sabía más: los guionistas y sus contratos. El abogado de Grundy me había prevenido: este Domínguez no tiene ni idea de este sector. “Cuando menciones una escaleta, se pensará que estás hablándole de algún tipo de accesorio de alpinismo” –vino a decirme. No fue así. Tal vez porque ya había interrogado a otros guionistas y éstos le habían instruido, el propio inspector me hizo un resumen básico pero exacto de la división de trabajo entre argumentistas, escaletistas y dialoguistas. También estaba al tanto de la existencia de los coordinadores de guiones, de los editores y de sus respectivas funciones.
Domínguez hablaba con un tono algo brusco, pero nada acelerado. Las pausas entre frases, incluso entre palabras de la misma frase, permitían intuir el proceso de esa mente, no demasiado veloz, pero sí exacto e imparable.
Fue haciéndome unas cuantas preguntas sobre mi trabajo en la serie, ¿quién me contrató? ¿cada cuánto iba a las oficinas? ¿y al plató? ¿trabajaba en otras series a la vez? ¿recibía órdenes para corregir las escaletas o guiones? ¿de quién? Fui contestando a todas ellas sin problemas ni nervios.
Domínguez pareció satisfecho con el interrogatorio y se permitió un par de comentarios personales sobre el número de insultos y tacos que aparecían en la ficción nacional. Consideraba el número bastante excesivo, por cierto. Yo me mostré de acuerdo. Aunque nuestras opiniones no eran demasiado válidas porque también compartíamos un pequeño pecado; apenas veíamos ficción nacional.
Antes de acabar, Domínguez me comentó cuáles eran sus conclusiones de la inspección a la empresa. Iba a proponer una sanción a la productora por las diversas infracciones que vio en el plató pero también, y ésta es la parte que afecta a los guionistas, por contratar como autónomos a empleados que, en su opinión, debían ser contratados por cuenta de la empresa.
¿Incluso los dialoguistas, que están en sus casas? – pregunté. Domínguez asintió: el lugar en el que se desempeña el trabajo, o el material que se emplea, no es lo que determina si un trabajador es autónomo o no, me respondió. Y menos en estos tiempos de Internet y teletrabajo. Lo importante es si uno está desempeñando un trabajo que tenga que ver con el núcleo de la actividad de la empresa, si es una labor continuada, subordinada a unas jerarquías, y con unos plazos de entrega específicos. Si, además, durante el tiempo del contrato, el guionista trabaja para esa productora en exclusiva, ese trabajador debería estar dado de alta por la empresa, como cualquier otro.
Incrédulo, le pregunté si eso quería decir que nosotros no tendríamos que pagar por nuestros seguros sociales, nuestra cotización de autónomos mensual. Domínguez replicó que sólo pagaríamos la pequeña parte que le corresponde al trabajador cuando está empleado por cuenta ajena. La productora se ocuparía de cotizar por esa persona. El guionista gozaría entonces de subsidio de desempleo, cosa de la que carecen por ahora los autónomos, días de vacaciones pagadas, pagas extra y finiquito en el caso de extinción de contrato. ¿Como si fuéramos currantes normales? Domínguez asintió: es que sois trabajadores normales. ¿Incluso los dialoguistas? – pregunté, ya de pie, a punto de irme, sin dejar de imaginar esa fantástica Arcadia que ese hombre de aire rudo me había descrito en un instante. Domínguez asintió de nuevo, con una sonrisa. Dijo que, en breve, iba a emitir el resultado de su inspección, con la correspondiente propuesta de sanción. También dijo que Grundy no sería la última productora que él inspeccionara.
Cuando salí de ese despacho de la calle Ramírez de Arellano, unos minutos más tarde, aquél tipo tosco y algo lento, el hombre que rebuscaba constantemente entre sus papeles y opinaba que el vocabulario de las series que escribimos es un tanto soez, vamos, el señor Domínguez, se había convertido en mi héroe.
Tal vez en el futuro la situación laboral del guionista deje de ser ésta. Tal vez sea un poquito mejor… gracias a un tipo llamado Domínguez.

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4 Comments:

Blogger Luis said...

Opino que los guionistas, en general, están sobrevalorados. Es el director el que deja (o no) su sello en la película. Los guionistas son importantes, pero no más que el director de fotografía o el montador.
Un saludo cordial y cinéfilo desde:

www.elcineenquevivimos.es

Luis S.

12:00 p. m.  
Blogger Laura said...

¡Buenos días, Daniel!

Yo no opino como Luis. Una película es como un coche: cada pieza es importante y todas deben funcionar bien para que el coche también responda.

Vale que el director es importante, pero todo lo demás también.
Yo, que he cantado en un coro, pienso que un buen director con unos malos cantantes no tiene mucho futuro, la verdad, al igual que unos buenos cantantes con un mal director.

Eso sí, me parece muy interesante la visión de Domínguez.
Porque si para todos los trabajos se hacen contratos, ¿por qué un guionista tiene que ser diferente?
Me imagino que dará igual si estás tres meses o tres años trabajando en un proyecto. El caso es que se trabaja y por lo tanto debería ser con contrato, con todo lo que ello conlleva.

No se si dentro de tu gremio habrá gente que prefiera ir por libre, pero, a la hora de cotizar para tener derecho a cobrar el paro o poder coger baja o vacaciones o mil cosas, el contrato es importante.

Un saludo,
Laura

1:20 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Luis, dirige una película sin guión... Lo mismo te dan el Goya al mejor vestuario

10:27 a. m.  
Blogger Santiago said...

A Luis: me parece que tu comentario no tiene absolutamente nada que ver con la nota. Aquí se discute otra cosa.

8:03 p. m.  

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