10.9.07

Atasco en la 19



(Haced clic sobre las imágenes para verlas a tamaño legible)

Ya os he recomendado un par de veces "Cuéntalo Bien", de Ana Sanz- Magallón. Es el libro más inteligente y sensato sobre el arte de narrar que he leído en muchísimo tiempo.

Tiene un problema, eso sí: está escrito con tanta sencillez que... uno puede pensar que todo lo que dice es obvio, incluso evidente.

Mientras muchos manuales de guión presentan con mayúsculas y esquemas pseudo científicos cosas que son auténticas perogrulladas, "Cuéntalo bien" hace lo contrario... trata de cosas mucho más profundas (por ejemplo, cuál es el sentido de las historias, cuál es su función para el hombre), y lo hace como si fuera un amigo que te hablara en la barra de un bar.

De todos modos, reconozco que en mi primera lectura me quedé un poco atascado con las páginas que he escaneado y colocado en este post. Os recomiendo leerlas, al igual que el resto del libro, claro.

(Vale, sé que las páginas han quedado escaneadas a tamaño enano, pero si supierais que un scanner ha muerto en el intento y que llevo tres días intentando colgarlas a tamaño legible, tal vez seríais más comprensivos... ¿No? Joder, qué lectores más duros tengo...)

En esas páginas hay algo que me hizo pensar y, en la medida de mis posibilidades, llevarle la contraria a la autora.

Ah, por cierto, este post no va a ser ligero. Es de esos densos que me marco de vez en cuando.

¿Tienes un rato? Venga, te dejo que te prepares un café.

¿Ya?

Vamos al lío.

En estas páginas, Ana viene a abordar la cuestión básica: ¿para qué necesitamos historias?

(Por cierto, ¿os imagináis a Linda Seger preguntándose esto?)

La respuesta viene a ser:

Necesitamos historias para que nos expliquen el mundo.

¿Cómo surge la ficción?

(Resumo muy torpemente lo que se dice en el libro)

Según Ana el orden es el siguiente:

Homínidos observan el mundo. Quieren entenderlo. Ven efectos, buscan sus causas.

Acuden a la religión, que les da una respuesta: el mundo es así, porque así lo quiere un dios. Dios es la causa.

La respuesta resulta insatisfactoria: se encuentran normas que explican que el mundo sea así. Otras causas no divinas: el incendio viene de una chispa no apagada, por ejemplo.

El descubrimiento y codificación de esas normas se llama ciencia.

La ciencia desplaza y destierra las explicaciones religiosas.

Pero...

La ciencia no basta para explicar el mundo. Ocurren hechos que la razón no puede explicar de modo satisfactorio. Ejemplo: un hombre joven y sano muere sin causa aparente.

Estos sucesos inexplicables nos enfrentan a un mundo arbitrario. Algo que nos hace cuestionarnos el sentido de la vida. ¿Merece la pena entonces cuidarse si hasta la persona más sana puede morir? ¿Estamos sometidos al azar? ¿Nada de lo que hagamos influye en lo que nos vaya a ocurrir en el futuro?

Según Ana, es entonces cuando se recurre a la ficción: relatos en los que sí existe una lógica, un sentido. A las acciones de los personajes les siguen consecuencias lógicas. Relaciones de causa - efecto que en la vida muchas veces no son demasiado evidentes.

Estos relatos proporcionan al lector, al espectador, la ilusión de un sentido.

Todo esto parece muy abstracto.

Dirás: nadie se mete en el cine para que la película "dé sentido a su vida".

Claro que no...

No conscientemente.

Pero, pensemos en una de las conversaciones más habituales ante una taquilla de cine:

- ¿Vamos a la del campo de concentración?
- No, hoy no estoy para nazis... ¿vamos a esa?
- ¿La comedia de Lindsay Lohan?
- Sí, ¿te apetece?

La persona que quiere ir a la comedia romántica sabe unas cuantas cosas sobre ella, solo con ver el cartel, el título y el aspecto de los protagonistas: esa película le permitirá evadirse por un rato de los "grandes problemas" de la vida, reforzará su creencia en la importancia del amor y su esperanza de que su vida, como la película, puede acabar bien.

Ese día, ese espectador no quiere ver cuestionadas estas creencias yendo a ver una película, como la del campo de concentración, que vuelva a recordarle la existencia del horror, la injusticia. Una película que, en el fondo, le haga ver que tal vez la vida no merece ser vivida.
En mi opinión, esta es la razón de que un final feliz guste mucho más al público que uno infeliz. Un final infeliz, en el que el esfuerzo del protagonista no es recompensado con el éxito, por ejemplo, viene a recordarle al espectador que tal vez sus intentos por salir adelante en la vida no servirán de nada. La vida es dura e injusta, le dice la peli.

Y eso es algo que casi todos sabemos sin necesidad de entrar en un sala.

Algo parecido ocurre con el periodismo, los documentales, etc.
Expuestos todo el día a un constante goteo informativo, a una sucesión de crónicas sobre atentados en Irak, nos sentamos ante la tele para ver un reportaje de Informe Semanal, que nos explica quiénes son los chiies, quiénes los suníes y porqué se están matando entre ellos.

Esa información, evidentemente, no dará sentido a nuestras vidas, pero sí nos permitirá mantener la idea de que detrás de los acontecimientos puntuales existen planes, conexiones causales: después de que los suníes vuelen la mezquita dorada chii de Samarra, los chiies responden con otro atentado...

Ya no estamos ante una mera sucesión de atentados. Ahora sabemos ordenarlos con algo parecido a un sentido.

El buen periodismo ayuda al espectador a encontrar conexiones causales entre sucesos, a encontrar sentido al mundo real.
La ficción, en cambio, está más relacionada con el campo de las creencias.

Es un vehículo ideal para proporcionar a los espectadores esperanza, para exaltar unos valores patrióticos, unas creencias religiosas, desprovista como está la ficción de la prueba suprema de la comparación con la realidad.
También coincido con Ana en que las religiones fueron desplazadas de ciertos ámbitos, al encontrar los hombres que sus respuestas eran repondidas mejor por la ciencia. De este modo, con el tiempo, parece que el terreno de la religión se ha ido limitando, arrumbada en parte por la ciencia. De todos modos, este proceso se ha realizado de modo muy diferente en el caso de cada religión.
Sin embargo, como he dicho arriba, hay un par de elementos en los que no estoy demasiado de acuerdo con Ana.

Me pongo con ello.

¿Otro café?

Tío, eres un adicto. Venga, te espero, pero date prisa...

¿Podemos ya?

Voy.

En primer lugar, creo que Ana no menciona que la religión también es un relato. Un relato peculiar, pero, en el fondo, un relato. Una explicación universal del mundo que se pretende verdadera y con... capacidad normativa, por hablar así.
En el fondo, la religión es... el superrelato. Es el relato de cómo nació todo, cuáles son las leyes que rigen el mundo, quién las estableció y porqué, cómo se incumplieron, como logramos el perdón por ello... porqué somos lo que somos...
Pero no sólo eso, se trata de un relato que nos dice qué es lo bueno y lo malo y cómo debemos de actuar en nuestra vida si queremos que nos vaya bien.
La religión proporciona a quienes creen en ella una explicación total del mundo. Sus vidas tienen un sentido.

Cosa parecida logra una ideología política, por cierto.

De la explicación de Ana se deduce que, una vez surgida la ciencia, los dioses son enviados al exilio. Evidentemente, la ciencia - a su vez, también un relato sobre el mundo- ha ido minando la credibilidad de algunas explicaciones religiosas.

Sin embargo, es evidente que ciencia y religión continúan coexistiendo. Y la batalla para definir cuáles son sus ámbitos sigue siendo apasionante.

Según se dice en "Cuéntalo Bien", una vez desechadas las explicaciones religiosas, el hombre se da cuenta de la insuficiencia de la ciencia para explicarlo todo y, sobre todo, del caos, de lo arbitrario de la vida y se vuelve hacia otros relatos (incluso si estos se reconocen como ficciones) para dotar a su vida de cierto sentido.

Tengo mis dudas sobre ese orden. En mi opinión, los relatos (ficticios o no) han existido desde siempre.

Algunos de ellos, que se pretendían verdaderos, se transformaron en religiones.

En mi opinión, ciencia, ficción, religión, ensayo, periodismo... son relatos sobre la realidad.

Cada uno de ellos tiene una relación diferente con ésta. Cada uno proporciona diferentes conocimientos, diferentes interpretaciones de la realidad (no digo, ni mucho menos, que todos sean igualmente válidos para conocerla) y satisfacen diferentes necesidades de los lectores o espectadores.

Por eso, opino que siempre habrá ficciones, religiones, ciencia, artículos de prensa... opiniones y ensayos.

Tal vez el gran reto sea aprender a distinguir los unos de los otros y actuar conforme a esta distinción.

Separar lo probado de lo hipotético, la creencia del conocimiento, la ficción basada en un hecho... del hecho en sí.

Etiquetas: ,

13 Comments:

Anonymous Unam said...

Genial post, e interesante, donde los haya. Tuve la suerte, hace unos años, de poder tomar un café con Ana, y es encantadora. Ella ni se acordará: soy guionista, pero no vivo de ello, lamentablemente. En fin... En algún lado leí que, lo mismo que una imagen vale más que mil palabras, una historia bien contada dice cosas que sólo puede decir una historia.

Saludos, y enhorabuena por el blog.

12:05 p. m.  
Anonymous Ana said...

Igual me faltan unos cuantos cafés, pero intento explicarme:

Creo que, independientemente de si el final es feliz o infeliz, lo que nos gusta es ver que un protagonista elige en cierta forma su final. El Padrino acaba amargado por cargarse a su hermano (ups, ¿Tenía que haber dicho "ojo spoiler"?). Pero es un buen final.

Por eso que nos cuentan de la causalidad, y etc, todos los guiones "ortodoxos" muestran mundos ordenados, aunque sean mundos atroces. Esa causalidad, acabe bien o mal la historia, es la que nos consuela, porque es la que a veces no encontramos en la vida.

Desde luego necesito más cafés.

PD: Gracias, Unam, asínn por ese dato no caigo, pero te deseo toda la suerte y que acabes viviendo de ello, si es lo que quieres!

1:03 p. m.  
Blogger Daniel said...

¡Gracias, unam! Un abrazo fuerte y ánimo con lo de la escritura.

Hola, Ana, ¡gracias por pasarte por aquí! ¡Menudo honor, tener aquí a la autora del libro!

Sí, tienes toda la razón. Creo que soy yo el que necesita más café (en mi caso, creo que menos, la verdad)

Por supuesto, es la relación de causalidad en los relatos la que nos alivia: por un tiempo, mientras vemos esa película, las cosas tienen sentido, las causas, tienen consecuencias. En la vida a veces eso no es tan evidente.

Al poner el ejemplo de la comedia romántica y la peli de nazis me he desviado hacia el asunto de los finales felices.

(Que, por otro lado, también refuerzan en el espectador esa ilusión de sentido)

Ana, un abrazo muy muy fuerte y muchas gracias por este libro.

4:08 p. m.  
Blogger g said...

¡Me encanta este tema! También me leí el libro este verano y me gustó mucho.
Estoy un poco encebollado y en la redacción (típico "momento preproducción todo es una crisis"), así que tal vez no sea el momento para escribir sobre esto. Pero estaba yo pensando si eso de los relatos-religión porque explican el mundo con reglas y causalidades valdría para todas las religiones, o mejor dicho, para todas las culturas-sistemas de pensamiento... En el judeo-cristianismo (occidente) se da mucha importancia a la linealidad, y ahí todo son causas y consecuencias: Dios es bueno, el hombre le jode, Dios jode al hombre, pero Dios es bueno y le da otra oportunidad etc...
Un sistema de pensamiento más oriental (aunque también tenga relatos de este tipo) mantiene otra lógica circular y no lineal... Y no sé cómo articular esto ahora en algo inteligible pero pensando en relatos típicos zen y de hinduísmo no es tan fácil pensar en la causalidad como sentido... Si quizá dan un sentido al mundo, pero de una manera menos lógica-lineal.
Perdón por las simplificaciones pero las necesito para intentar expresarme...
Y sí, lo sé, he escrito un comentario como para abofetearme...(y eso que no tengo gafas)

7:11 p. m.  
Blogger al said...

Pues tendré que echarle un vistazo al libro (Ana, creo que Daniel debería llevarse un % de las ventas).

Por cierto, Ana tampoco se acordará de mí, pero el año pasado me comparó con Silent Bob.

9:33 p. m.  
Blogger brays said...

Ana tampoco se acordará de mí, pero es normal, porque no nos conocemos.

¿Y como se explica que me gusten a mí los finales infelices (verlos y escribirlos)?

Apuntado el libro, pronto caerá.

12:45 a. m.  
Anonymous ana said...

La verdad es que me encantaría saber algo de la cosmovisión –tooooma palabro- de otras religiones, porque igual la causalidad, “la vida como camino” es algo de las tres religiones del libro, o un rollito occidental.

¿Qué Poética hubiera escrito un Aristóteles de Sumatra?

No tengo ni idea.

Silent Bob mola. Y Daniel va que chuta con el jamón por Navidad, no le deis ideas…

Por cierto, no es que “me pase por aquí”, es que estoy aquí siempre. Lo que pasa es que como has estado con los derechos de autor y otras cosas de mayores, no he podido meter baza.

10:24 a. m.  
Anonymous quim said...

Bob, serás silencioso pero las matas callando.

4:46 p. m.  
Anonymous Tusitala said...

Hola a todos, compañeros guionistas.

Me gusta mucho esto de la comparación de la religión como el metarelato total. En el caso del cristianismo, su gran libro empieza por el principio de todos los principios y termina con un mega-punto de giro (que no un final, puesto que lo narrado en Apocalipsis es la puerta a otro estadio, una nueva humanidad,una nueva tierra... )Yo añadiría que la ficción, la narración, tiene su propio status como episteme (conocimineto) solo que no es un conocimiento teórico... sino eminentemente práctico. Sólo tenemos una vida, pero necesitamos asilmilar la experiencia de todos los hombres que nos han precedido para saber cómo resolver conflictos (núcleo de la dramaturgia)
Finalmente,me asombra que el protagonista principal de cristianismo, fuera un excelente narrador de historias. Sabía captar la atención de la gente, creaba personajes creíbles con los que podías identificarte, y se centraba en aspectos muy concretos del conflicto que exploraba. Así era... es Él.

5:01 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Me he recorrido varias libreías de Madrid y no doy con el libro. ¿Alguna dirección donde lo pueda conseguir? Gracias

11:11 a. m.  
Blogger Daniel said...

¿Jamón por Navidad? Hmmm... qué bien suena esto.

Sobre lo que comenta g. reconozco que tengo poca idea sobre otras religiones y otras tradiciones narrativas. Tal vez soy demasiado eurocéntrico ¿judeocristianocéntrico?, pero siempre me ha dado la impresión de que, en el fondo, todas las culturas coinciden en lo esencial y que las narraciones basadas en la causalidad también son comunes. Creo que las diferencias pueden estar más en los ritmos. La verdad es que no lo sé, pero intuyo algo de esto por el éxito de las películas occidentales (norteamericanas, sobre todo, en todo el mundo).

Ahora que escribo, me doy cuenta de que una de las características de algunas películas de terror orientales que nos asolan desde hace unos años es... lo escasamente justificadas que están los "terrores". "Dark Water", "The Ring", etc. parecen poco preocupadas por la causalidad. Tal vez tengas razón, g.

¿Silent Bob? Aquí hay un misterio...

Brays, creo que con el ejemplo de los finales felices me metí en un pequeño lío. Lo principal es que el final tiene que resultar satisfactorio según lo presentado en el resto de la narración. Resulta tan falso un final positivo poco justificado (por ejemplo, el "deus ex machina" clásico) como un final injustificadamente malo (el prota logra su objetivo y... le cae un piano sobre la cabeza).

A muchos espectadores les parece, sin embargo, que los finales felices son poco realistas, edulcorados y complacientes y por eso prefieren algo un poco más amargo.

Gracias por estar mucho por aquí, Ana. Un honor, lo sabes.

Tusitala, muy interesante lo que cuentas. La religión vendría a ser un relato total, con unos conocimientos teóricos de los que se extrae una "manera de conducirse", una guía práctica que a los creyentes les puede orientar en cada una de sus decisiones vitales.

Anónimo, yo lo compré en la feria del libro de Madrid. ¿Has probado en Ocho y Medio? Es la librería de cine que hay frente a los Golem Alphaville en la calle Martín de los Heros. Sino, te remito a la página de la editorial: www.plot.es

12:56 p. m.  
Blogger Miss Julie said...

"Después de la realidad, no hay nada tan bello como la ficción", dijo Antonio Machado, pero creo que hay más veces que es al revés.

Vaya posts que te marcas últimamente, querido, interesantes, desde luego, pero yo he necesitado más de un café con unas gotas de anís Machaquito. Y oyeeees, mira la Srta. Sanz-Magallón que bien y qué fina ha estado al quite.
Creo que lo he comentado más de una vez, uno de mis finales favoritos es el de "La Rosa Púrpura del Cairo" con esa pobre Mía Farrow (bueno su personaje)sin casa, sin novio, sin esperanzas que se mete al cine y cuando vé a Fred Astaire y Ginger Rogers bailando en un mundo de lujo y glamour, se le va transformando la cara mientras se olvida de su mundo real.

11:13 p. m.  
Anonymous mozodealmacen said...

Voy a parecer un cinéfilo recalcitrante, pero no está de más revisar tanto a Antonioni como a Bergman. Películas como "la noche" de Antonioni, o "el silencio" de Bergman son impepinables. Que hay que verlas, vamos. Vienen muy bien después de "disfrutar" de Transformers, por ejemplo.

7:38 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home