21.12.06

El detective

Inauguramos hoy la serie “Extrañas historias con productores singulares”. Se aceptan, como siempre, vuestras contribuciones.

A lo largo del tiempo un guionista acumula una buena serie de reuniones con productores de cine y/o televisión.

Suelen ser pavorosas.

Recuerdo aquella con el tipo que quería producir un corto llamado “Héxtasis”. Él creía que se escribía así. No hacía copias del documento (supongo que para que nadie se lo plagiara) así que tenías que leerlo en su presencia. Tuve que quedarme diez minutos plantado en la Avenida de América leyendo aquello. Sólo os digo que en la primera página se estrellaban un Ferrari y un Porsche. Y era un corto.

Luego vino la historia del detective. Sucedió hace seis o siete años.

Empecemos por el principio.

Suena el teléfono. Alguien le ha dado mi número a un señor interesado en conocer a un guionista. ¿Podemos vernos? Claro que sí.

Acudo al lugar de la cita, un restaurante. El hombre resulta ser un cincuentón calvo, pequeño, con bigote y aspecto bastante sano. Dice que se llama M.S. (más que para protegerle a él, pongo iniciales para protegerme a mí mismo).

(Pequeño inciso: No pidáis sopa castellana en una comida de trabajo. Hay cosas que cuelgan - en la sopa, quiero decir - y es imposible comer eso y, a la vez, darle una buena impresión a un desconocido. Hay que elegir. Luego diréis que este blog no es práctico).

M.S. es detective de seguros. Es decir, si la aseguradora sospecha que un tipo ha fingido que está muerto para cobrar un seguro de vida, o que ha mentido al declarar que le han robado un Velázquez que tenía en el recibidor... las compañías mandan a M.S. Y, entonces, más vale que el tipo se vaya preparando porque...

M.S. era el rey de los detectives de seguros. Al menos, eso decía él.

Pero, ¿para qué quería este monarca de la investigación privada a un guionista?

Quería que escribiéramos juntos una serie basada en sus casos más espectaculares.

Sin problemas - pensé yo – si me paga, le escribo una telecomedia sobre el genoma humano. Artista comprometido que es uno.

Sin embargo, el asunto no era tan sencillo. Al rato, más animado, M.S. me comentó que a él siempre le había gustado mucho el cine (echad a correr cuando alguien comience con esta frase). Al parecer, en los ratos libres que le dejaban sus viajes por el mundo resolviendo casos, M.S. había tenido tiempo de acudir a varios cursos de interpretación.

Ajá.

Le pregunté si, además de crear la serie, pensaba en interpretar algún papelito en ella.

M.S. asintió: sí, claro, él se interpretaría a si mismo: es decir, el papel principal.

No recuerdo si puse alguna objeción, algo tipo: “las cadenas suelen preferir a actores un poco más experimentados para sus series...” Da igual, en cualquier caso el hombre siguió a lo suyo: había pensado que haría falta algún otro personaje fijo con el que interactuara ese sofisticado detective internacional. Podría ser una mujer, por ejemplo.

Claro, claro – le dije – es lo clásico.

No había ninguna productora interesada en su proyecto, no digamos ya una cadena de televisión, pero estos eran obstáculos menores para la imaginación de M.S. Él ya había hecho el casting. Ya sabía quién sería la investigadora: había visto una peli en la que salía una italiana morena... – fingió esforzarse para recordar el nombre y por fin dijo – “una tal Monica... Bellucci”.

Con una sonrisa en la boca que ya ni me preocupaba de disimular, le sugerí que entre los dos protagonistas, él y la Bellucci, podría existir lo que se llama en el gremio una “tensión sexual no resuelta” (ya sabéis: dos personajes se atraen pero no llegan a juntarse. Es decir, por ejemplo, lo que ocurría entre Lydia Bosch y Emilio Aragón en “Médico de Familia” y otro millón de series).

“¿Tensión sexual no resuelta?”
- se preguntó en voz alta mi interlocutor – “¡Qué va! ¡Éstos la resuelven, la resuelven!” dijo, indignado, mientras daba un buen golpe en la mesa con el puño.

Luego el hombre me llevó a su casa, una especie de chalet decadente de estilo americano. Saludó a su perro, uno de estos bichos arrugados, llamándole “Humphrey” o algo así, y me entregó información sobre un caso advirtiéndome que era absolutamente confidencial. Era algo de un juzgado. De hecho: él no debería tenerlo. Y menos yo, claro.

Unas horas más tarde, me olvidé la copia en el autobús que iba a Pamplona.

Hablamos por teléfono. Ya no le parecía buena idea darme un sueldo por escribir los guiones. Ahora prefería que creáramos juntos una sociedad comanditaria. En cambio, no sé si os imagináis porqué, a mí esta propuesta me convenció algo menos.

Nunca le he vuelto a ver. Pero, ¿quién sabe? Tal vez la próxima vez que encienda el televisor, esté ahí, resolviendo un delicado caso en la Costa Azul, persiguiendo a un ladrón en un moto de gran cilindrada o bebiendo martinis en el bar del Carlton mientras espera a que Monica baje de su habitación.

Y, ¿sabéis qué os digo?
Ojalá sea así.
P.D.: Este post ha sido publicado también aquí, en el Blog de Bloggers de elpais.com. Todo un honor. Gracias especialmente a Javi M.

11 Comments:

Anonymous Jonás said...

Dani, me ha encantado la historia. Está muy bien que además salga en el elpais.com, así la leerá más gente. Yo me he acordado de alguna escena con productor divertida... pero ni la mitad de buena que la tuya. ¿Es verdaderamente real? El detalle de la sopa castellana es muy bueno.

1:57 a. m.  
Blogger Daniel said...

Muchas gracias, Jonás. Sí, toda la historia es real, sólo he tenido que quitar algunos detalles (tuve otra reunión corta con él en su despacho). Lo de la Bellucci también es cierto.

9:21 a. m.  
Anonymous yosoyespartaco said...

cada día te superas dani
-----------------------------
en otros blogs y foros ya he publicado alguna de mis entrevistas con productores, pseudoproductores o "gente que dice que le gusta mucho el cine"

hoy os explico una que cuando me acuerdo de ella no sé si reir o llorar

contacta conmigo un hombre que tiene una historia que quiere desarrollar para hacer un guión de cine y quiere contratar y pagar a un guionista

buen rollo por teléfono y buen rollo por email

la historia no era buena pero tampoco era mala, básicamente era la típica historia que con algunos retoques básicos de cine y de guión podría servir entonces como punto de partida para trabajar mucho un guión y que llegara a ser una historia algo decente

como el tipo quiere contratar y pagar a un guionista pues cojo un autobús y me voy a verlo

gran error de novato, por inocente y por no pedir dinero por adelantado, ya que si alguien no te paga un simple billete de autobús no va a ser capaz de levantar una película

todo el buen rollo por teléfono se convirtió en mal rollo en persona, él no aceptaba cambiar ni el concepto de la historia ni una sola línea del guión argumentando que él sabía mucho de cine y yo no decía nada más que tonterías

evidentemente no había productora detrás ni fuente de financiación y él decía que no tenía un euro para pagar a un guionista

entonces si él no quería cambiar el guión, ni tenía dinero para pagarme ni había financiación ni productora detrás ¿qué hacía yo allí?

y sentí miedo

cogí el autobús y me piré para casa

desde entonces he procurado que no me pasaran cosas de estas, que me han pasado, pero al menos con productores

9:22 a. m.  
Anonymous Ana said...

Dani, la verdad es que tu anécdota es tan buena que la suelo contar siempre que tengo ocasión -de hecho, creo que intenté contártela a ti mismo hace unos meses... Por suerte no empecé diciéndote que "me había pasado a mí", hubiera sido pelín humillante...
Yo la suelo acabar en "¿Cómo? ¿Tensión Sexual No Resuelta? No, no, resuelta, resuelta". También mola.

¿Momentos terribles con productores? ¡Jamás! Los amo profundamente, respeto su criterio y además siempre tienen razón.

1:54 p. m.  
Blogger Daniel said...

Cómo no, ana, tú sí que sabes contar una historia. ¡Ahí es donde debería acabar! Pero siempre me ha hecho gracia también eso del expediente secreto perdido en un autobús.

Es verdad, ya no me acordaba, estuviste a punto de contarme... mi anécdota. ;)Fue divertido. (pero no te la atribuías, no.

Gracias, yosoy. Aparte de Ana, que los ama (y ellos le aman a ella) todos tenemos unas cuantas experiencias de ese tipo con productores.

2:55 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Mira por donde yo estoy escribiendo también un post sobre productores, es algo que le acaba de ocurir a una amiga guionista, es bastante desagradable pero muy ejemplarizante. Algunos dicen que las coincidencias no existen así que debe ser que "hay algo en el aire". Buen post, cada día te superas.

3:00 p. m.  
Blogger Daniel said...

Muchas gracias, miss, estaré atento a tu blog para esa historia.

12:14 p. m.  
Anonymous Alioli said...

Leyendo su historia he recordado a un detective privado que últimamente se ha hecho muy famoso con sus aventuras en pantalla, pero no debe ser el mismo porque sus iniciales eran T.

12:59 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Genial el blog. Acabo de leermelo de arriba abajo (ya había entrado en alguna ocasión, pero muy de pasada). Sin duda, en esto del blog, eres el John August español (a él si le leo hace tiempo). Probablemente dentro de poco te mande alguna pregunta.

Me he descojonao con la historia del detective.

12:28 a. m.  
Blogger Daniel said...

Gracias, colombo, un honor recibir tal elogio de tal investigador privado. Cualquier pregunta será bienvenida, ya sabes en guionistaenchamberi@gmail.com

Ah, la historia esta del detective es cierta del todo, aunque parezca mentira.

11:56 p. m.  
Anonymous Metabarón said...

Querido amigo, sus palabras empiezan ya a sonar como las de William Goldman en sus míticos libros de guión.

¿Para cuándo "Aventuras de un guionista en Chamberí"?

Pregunto.

4:09 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home