5.10.10

El cojín

Esta mañana he puesto los pies sobre la mesa del salón y una peli en el DVD. Era un thriller francés de los setenta que un amigo que me había pasado y recomendado: "Police Python 357", del recientemente fallecido Alain Corneau, protagonizada por el actor y cantante Yves Montand.

Reconozco que al principio me estaba aburriendo un poco. Miraba con cierta frecuencia el contador del DVD, esperando a que aquello empezara a interesarme. Pasaban un montón de cosas, pero no me acababan de importar mucho. Para los que no la hayan visto y no piensen hacerlo, resumo ligeramente el argumento. (A partir de aquí hay spoilers - por cierto, ¿tiene uno que avisar de los espoilers de una peli de los setenta?)

Montand es un poli duro de la ciudad de Orleans. Su jefe, el comisario Ganay, está casado con una mujer paralítica, interpretada por Simone Signoret. Montand conoce a una italiana (Stefania Sandrelli) algo misteriosa con la que se enrolla. Su relación es bastante turbulenta. Esta era la parte en la que yo miraba el contador del DVD. Me aburría un poco. La chica me resultaba insoportable. Un par de sorpresas llegan cuando: nos enteramos de que la italiana es, también, amante del jefe del protagonista y, digamos que esto es tópicamente francés, la esposa del jefe, la paralítica, sabe todo sobre esta relación de su marido y parece aprobarla absolutamente.

De pronto, cuando ya estábamos en el minuto 30 (para alegría de los escritores de manuales de guión), la amante quiere romper con el comisario Ganay para estar únicamente con el protagonista. Ganay, sorprendentemente, se lo toma bastante bien. Tan bien, que su amante le recrimina su pasividad y falta de pasión. Le provoca tanto, que el tipo acaba matándola. Minuto 30.

Ganay huye de la escena del crimen. Poco después, consternado, llega a casa. Simone Signoret, la esposa paralítica, le pregunta qué ha ocurrido. Ganay le responde con breves explicaciones: la he golpeado, con un cenicero. ¿Qué has hecho con él? Lo he tirado al río... El comisario está hundido. La mujer, como siempre, tumbada en la cama, parece tranquila. Le dice a su esposo, en tono imperativo, que tome un cojín. Ganay busca un instante por la habitación. Su mujer le recrimina: no, el cojín está en un cajón de la cómoda. Ganay lo encuentra finalmente. La esposa le indica que lo deje junto a ella, en la cama, y apoye la cabeza sobre él. Ganay obedece. Se coloca junto a ella y pasan a hablar de lo que deben hacer a partir de entonces. Ella mantiene la cabeza fría, él se va tranquilizando poco a poco: no, no va a entregarse.

La película sigue. Dura 120 minutos con otro estupendo punto de giro en el minuto 90 (sí, todo parece encajar mágicamente en el esquema de los manuales de guión) os recomiendo que la veáis (por cierto, me parece estupenda carne de remake). Sin embargo, de la que os quería hablar es de la secuencia de Ganay y su mujer, la que os he descrito.

Mi pregunta es...

¿Qué pinta ahí el maldito cojín?

Sí, esa es mi pregunta. Un tipo vuelve a casa después de haberse cargado a su amante. No sabe si entregarse o no. Es un momento dramático. ¿Por qué carajo meten Corneau y Boulanger, su coguionista un momento en el que la mujer le dice al marido que saque un cojín de la cómoda? ¿Fue una ocurrencia del rodaje? Tal vez, pero… ¿por qué no la eliminó Corneau en el montaje? ¿No rompe la tensión de la escena ese instante de cotidianeidad? ¿No podía tumbarse el marido sin cojín? ¿No podía estar el cojín ya sobre la cama para evitar ese segundo aburrido y anticlimático en el que el asesino lo busca, con cierta torpeza?

Yo diría que ese cojín es… el cine europeo.

De pronto, en una escena importante de una película seria, de género, irrumpe algo cotidiano, realista pero absolutamente intrascendente para la trama.

Estas pausas o digresiones pueden romper el ritmo o aburrir al espectador, pero también logran que éste crea lo que está viendo.

Frecuentemente los guionistas eliminamos todo lo que no es importante o imprescindible para la trama. Sin embargo, a veces, ser tan estricto, adjudicar a cada frase que pronuncian y cada acción que realizan los personajes una finalidad estricta es, en cierto modo, eliminar cierta posibilidad de identificación y de realismo.

En la realidad, en la vida, cuando uno vuelve a casa y comienza a contarle a su esposa que viene de cometer un asesinato, todos lo sabéis por experiencia, en casa hay visita, es el cumpleaños del crío y aquello está lleno de enanos gritones, o la mujer le recrimina a uno que se eche sobre el edredón (se aplastan las plumas) o que, tras el crimen, haya olvidado pasarse por el supermercado (a estas horas ya habrán cerrado). En la vida no dejan de suceder cambios de tono, injustificables digresiones, chistes grotescos en situaciones terribles, discusiones interminables, diálogos incoherentes y muchos ratos muertos. Al escribir historias solemos eliminarlos porque sabemos que las historias no son la vida pero... las historias tratan sobre la vida.

La cuestión, como siempre es… ¿cuánta vida dejamos que entre en nuestras historias? En tu película, ¿buscaría el asesino ese maldito cojín?

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4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Qué interesante y qué bien lo desarrollas. Mi punto de vista es que, en definitiva, el cine depura todos esos cojines realistas y se queda con otros cuantos elementos que además de aportar realismo aportan algo a la trama.
Al final, el cine es una convención de realismo, si no cada elipsis sería problemática... creo que los espectadores aceptan estas convenciones y se cuestionan, como tú haces, la necesidad de esos cojines. Porque supongo que el cojín no se disparaba en el tercer acto.
Un saludo. Me gusta mucho leerte aunque nunca había comentado.

12:16 p. m.  
Blogger Daniel said...

Anónimo, gracias por comentar.

Sí, me gusta el verbo que utilizas; los guiones suelen "depurar" la realidad, hacer una selección de los elementos realistas que uno admite y de los que no.
En este caso, el famoso cojín me extrañó, por no ser una película que tratara de ser muy realista y, sobre todo, por su colocación en una escena bastante seria y tensa. (Porque no, el cojín no disparaba nada en el tercer acto. De hecho, estoy seguro de que ni los actores ni la mayoría de los espectadores de la peli recuerden ese famoso cojín).

10:03 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Llevo siguiendo tu blog desde hace tiempo y la verdad es que me entretengo bastante cada vez que paso por aqui. Me gustaria que me ayudaras sobre la escritura de escenas (publicando algún post), ya que siempre me atasco bastante en desarrollarlas.

Suerte con los proyectos y gracias de antemano!

12:07 a. m.  
Anonymous R9 said...

Hola Daniel, soy Rubén, te leo siempre en Bloguionistas, y siempre coincido con tus puntos de vista sobre el cine.
Me haría especial ilusión que vieras un cortometraje que he hecho, que es bastante realista (me encanta rohmer, guerín, etc.) y bueno, si me pudieras hacer una crítica ya sería genial. No suelo conocer a gente que le guste ese tipo de cine y sus opiniones nunca sé valorarlas en su justa medida porque no sé si les gusta ese tipo de cine, de ritmo, etc.
Como sé que a ti sí que te gusta, tu opinión me ayudaría. Así que gracias de antemano y saludos!

http://rprieto9.blogspot.com/p/cortos_09.html

11:53 p. m.  

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